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Reflexiones de medianoche

Supongo que es algo raro hacer una reflexión a estas horas de la madrugada, pero hasta los más “fuertes” necesitan desahogarse de vez en cuando ¿Verdad?

Es como si estuviese atrapado en un mundo de fantasía, donde uno tiene todo al alcance de la mano, y a la vez tan lejos…

Cada cual va trazando sus metas en relación a las experiencias vividas, los caminos que va recorriendo, las paredes con las que vamos chocando.

Pero… ¿Que son las metas? En realidad… ¿Qué es lo que esperamos lograr una vez alcanzada dicha meta? ¿Cuál es el motivo por el que lo hacemos? ¿Qué es lo que nos produce tanta satisfacción?  ¿Demostrar algo a los demás? O ¿A nosotros mismos?

¿Es que es más dichoso el hecho de saber que uno con esfuerzo puede lograr aquello que se propone que cumplir ese logro en sí?

De cierta forma lograr eso que queremos nos deja una especie de vacío, algo que nos deja pensando ¿Y ahora qué?

Supongo que esto sucede porque eso que logramos en realidad es un mero reflejo de todos los obstáculos que atravesamos en el camino, por eso su valor.

Entonces… ¿Qué pasaría si una persona aspira a algo solamente para que los demás estén felices, orgullosos, y no por su felicidad propia?

¿Acaso ese logro no se convertiría en el de alguien más?

 Antes mencione que ese logro simboliza los obstáculos personales, entonces esto me da a pensar que  ese logro no vale nada para la persona en cuestión y si no vale nada entonces no es ningún logro. Por eso nos deja ese vacio, ese amargo sabor de boca luego de alcanzar la “meta”.

La realidad es que en la actualidad nos encontramos en una época donde todos vivimos por y para las apariencias, volviéndonos recipientes vacíos que esperan de cierta forma ser llenados, pero nadie, nadie más que uno mismo puede llenar ese recipiente, un recipiente que poco a poco se va llenando por nuestro propio merito, no por el de los demás.

¿Qué pasaría si dejásemos de vivir de apariencias, si comenzáramos a hablar, actuar, soñar, llorar, VIVIR, de la forma en la que nuestra alma nos pide a gritos que lo hagamos?

Creo que este sería un mundo más feliz, o cuanto menos REAL, donde uno no va con miedo, miedo a decepcionarse por que una persona finge ser quien no es, miedo a caer en el engaño de alguien más por su intento de ser quien no es.

Podríamos ir con el corazón al descubierto con aquellas personas que conocemos, si tan solo tuviésemos la certeza de que estas no nos van a fallar en un futuro.

Y uno se pregunta, ¿Qué es lo que nos detiene? ¿Qué es aquello tan fuerte como para amarrarnos de manos y piernas como si fuésemos marionetas de un destino unilateral, el cual hay que seguir a rajatabla?

¿Es que nuestra voluntad es más débil de lo que nosotros pensamos? O es el hecho de que nuestros sueños no son lo suficientemente fuertes como para luchar contra ese mal que nos ata? 

Ese mal que no es ni más ni menos que la zona de confort del ser humano, ese famoso lugar donde uno se queda por miedo al fracaso.

“Quien no arriesga no gana”, nada tan cierto como esto, debemos estar dispuestos a perder algo para ganar algo de igual  o mayor valor, así funciona, esto explica a su vez el motivo por el cual uno no se arriesga a amar al otro, no se arriesga por el temor a no recibir lo mismo, mientras que la otra persona inconscientemente realiza la misma acción, siendo que uno debe estar preparado para arriesgar y tambien perder.

Es por esto, que uno debe trazar su propio camino, un camino donde no dependa de nadie para llegar a la recta final y así dar algo a los demás sin esperar nada a cambio, ya que uno mismo debería de sentirse pleno al poder transmitir algo bueno al otro, y no por recibir algo de igual valor.

Nuestro camino es nuestro, y eso nunca cambiara, por mucho que intentemos ignorar esa realidad, no cambia el hecho de que no deberíamos depender de nadie para alcanzar nuestros sueños.

Pero el ser humano le teme a su propio camino, por eso busca acompañantes que lo ayuden y se lo hagan más fácil, y en ese intento desesperado de no caer en la soledad, el ser humano se modifica, tanto el cómo su camino, logrando así llegar al desconocimiento total de su persona llegando así a preguntas típicas como, ¿Quién? O ¿Que soy? y ¿Cuál es mi propósito en esta vida?

En fin, si somos unos desconocidos hasta para nosotros mismos.

¿Qué somos para los demás?

Simplemente somos recuerdos, pues eso es todo lo que queda de nosotros cuando morimos, entonces, que marca vamos a dejar en el mundo? ¿La marca de alguien que lucho y vivió por sus ideales? ¿O una marca vacía, sin valor alguno, sin vida? 

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