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Cuelga el Celular

Hace unos días, recibí una llamada inesperada, casual y sin condiciones,

de alguien que no pensé ni quería, pero deseaba, esto tiene sus razones.

Apenas contesté, su voz se quebró; cayó en llanto,

incontrolable; le dije: tranquila, respira, no es para tanto.

Pero, por causa de su evidente y descontrolable orgullo,

rechazó mi consejo y continuó, segura de sí con lo suyo;

melodiosas tonalidades que componían un perturbante y exuberante cántico;

una constelación; un mar de lagrimas, cierto goce y un furor tan enfático.

Argumentaba y, sin callar, exigia explicaciones,

disertaba con elocuencia y desertaba por lo endeble de sus emociones.

Aquella chica devota se convirtió en la peor oradora.

¡Por fin! Pude notar un edificante cambio en su comunicado,

La charla fue distinta, siendo la misma, me preguntó sobre mi estado

Arrepentida por la mala impresión provocada, dijo llena de felicidad:

Háblame de ti, te quiero escuchar…

Quisiera verte pronto, a pesar de la tardanza; estamos a tiempo.

Propuse la fecha y el lugar, pensé: basta un buen café para el momento.

Respondió: ¡Cuelga el celular! Debe ser ahora mismo,

fui confrontado, me asusté; no quise pensar en los espejismos.

¡Fue real! Ahora estabamos bajo una nube de leales y nobles testigos;

la amistad, el amor, la impaciencia y algunos obsequios guardados en el olvido,

y el aroma del café, disipando el mal olor de la indiferencia,

era raro, somos aquellos mismos íntimos pero con otra apariencia.

Creo que la espera ha consumido la imagen del pasado,

nuestros rostros están llenos de detalles que nos han vaciado;

que debilitaron, la pizca de esperanza de un futuro incierto,

aunque siendo sincero, está llena de vida; yo me siento muerto.

Posee una sonrisa tan brillante a pesar de la debilidad en su mirada

Nuestros ojos conectaban, pero sus pupilas, me decían, dilatadas,

que algo planeaba, pero no se atrevía a expresarlo,

y a punto de preguntarle, dijo: Silencio, volvamos a intentarlo.

Sorprendido, enmudecí, mientras tomaba mis manos,

Asentí, y sonriendo dije: Te esperé. Todo este tiempo, ¿dónde habías estado?

Sabía que mi Dios no se había equivocado,

Siempre fuiste tú; vayamos y gocemos, antes de que él nos llame a su lado.

Written by Samuel

Soy un compositor de locuras y seminarista reformado con corazón pastoral. https://t.co/nd8zOIXPDp

Primer paso

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